Ha sido el último gran reportaje que he hecho a la antigua usanza. Es decir: financiado por un medio de comunicación, en este caso por el dominical de el Periódico de Cataluña, que corrió con todos los gastos de este periplo atravesando España de sur a norte durante un par de semanas. De eso hace cinco años exactos. Y por primera vez publico la serie entera en estas páginas.
La inspiración me vino tras leer la novela de Arturo Pérez Reverte, El pintor de batallas. Me pasé un mes consultando libros de historia de España y planificando una ruta siguiendo las pistas que me daban óleos, aguafuertes y grabados. La propuesta era fotografiar el escenario desde un punto de vista lo más similar al del cuadro.
Pronto tuve que descartar muchas pinturas importantes porque eran simbólicas y no reales, el parecido del escenario con la realidad era pura coincidencia. Sólo utilicé una de Numancia, al fin y al cabo las ruinas de la Numancia actual son meras reproducciones.Durante un par de semanas me desplacé desde Cádiz hasta Bilbao.

Fotografié los escenarios de nueve batallas y ocupé páginas y páginas.
La foto inicial es de Cádiz cuando estaba buscando el escenario de mi primera pintura de batalla.
La foto inicial es de Cádiz cuando estaba buscando el escenario de mi primera pintura de batalla.
TRAFALGAR
LA DEFENSA DE CÁDIZ. ZURBARÁN 1634Cádiz es el punto de inicio de este viaje que me llevará a atravesar España, de sur a norte, buscando los escenarios reales de batallas pintadas por artistas.
El comienzo no es muy halagüeño. Muestro al director del Museo de Cádiz una reproducción de La defensa de Cádiz pintada por Zurbarán en 1634 y que está en el Museo del Prado. Se ve claramente que Zurbarán nunca estuvo aquí. La bahía de Cádiz aparece rodeada de montañas y está representada desde un punto de vista muy elevado, cuando la mayor altura que tenemos es sólo de 14 metros- explica Antonio Álvarez. Y es entonces cuando sugiere que utilice la litografía Salen de Cádiz que fue la portada del catálogo del museo para su exposición, en octubre de 2005, Cádiz y Trafalgar. La ciudad ilustrada de 1805. Un pronunciado espigón protege el puerto deportivo y me proporciona un punto de vista muy similar al del pintor. El sol acaba de despuntar tras el horizonte y el mar es un espejo azulado, sólo roto por las zambullidas en picado de los charrancitos en busca de peces. Las siluetas de la catedral, ayuntamiento y demás edificios antiguos, que aparecen en la pintura, y todavía se mantienen en pie, ya no son visibles desde el espigón. Una muralla de bloques de pisos y oficinas las oculta.

El desenlace de la batalla es bien conocido. El 21 de octubre de 1805, la flota hispano francesa, comandada por Villeneuve y dispuesta en forma de media luna, fue seccionada como un queso por la formación británica al mando del almirante Nelson. Al atardecer del mismo día la suerte estaba echada; los centenares de cadáveres flotando y los restos de navíos hundidos daban fe de la magnitud de la derrota de españoles y franceses.











































