(términología de fuentes oficiales) y que se repiten a menudo, me han hecho meditar sobre el tema.
Ante todo, quiero dejar bien clara mi opinión. Creo que todo se puede reivindicar, pero no se vale todo para reivindicarlo. Sin embargo, dejarlo en puras gamberradas juveniles me parece simplificar en demasía la importancia del tema. En este blog hemos hablado muchas veces de la situación en la que hemos dejado a nuestros jóvenes: viviendas a precios inalcanzables, sueldos precarios en contratos temporales y un paro superior al 40%. Al final, aunque sea en una minoría, esto acaba explotando por alguna parte.
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A este aventurero y académico de la lengua se le quiere o se le odia profundamente. No tiene pelos en la lengua y no es ninguna exageración decir que tiene un punto de chulería. A mi me cae bien y he leido la mayoría de sus novelas. Todavía me río cuando releo lo que escribió sobre las notas de gastos como enviado especial a conflictos armados en
“Territorio Comanche”. Y me río porque yo he pasado por situaciones semejantes, aunque los que controlaban mis notas de gastos eran mucho más tratables que los de Pérez Reverte en
Televisión Española.
Dice así “Aterrados por la espada de Damocles de las audiencias y por la mala conciencia, supervisados por funcionarios que no tenían ni la menos idea ni de televisión ni de periodismo, firmaban las liquidaciones a regañadientes y preferían justificantes falsos a que les contaras simplemente la verdad: que en las guerras sólo es posible moverse repartiendo dinero por todas partes y no hay tiempo, ni medios, ni ganas, de ir por ahí pidiendo facturas”.
Y sigue “Pero ve a explicarle eso a un chupatintas de moqueta que ficha a las seis para irse a casa y ver el partido. Así, que para simplificar trámites, Barlés siempre traía un montón de justificantes en blanco, poniendo cualquier cosa en ellos con tal de no discutir. Queréis facturas, ¿verdad? Pues tomad facturas. Una vez le hizo llenar una en serbocroata de camelo a su sobrina de nueve años, para no usar siempre la misma letra:
taxi Sarajevo-Split-Colmenar Viejo, o algo por el estilo.
Firmado Radovan Milosevic Tudjman. A los administradores les daba igual, con tal de tener papel en forma con el que cubrirse las espaladas. Parapetados en sus despachos y muy lejos de la realidad de un campo de batalla se apuntaban como un éxito rebajar mil duros en una cuenta de dos o tres millones de pesetas”.
Ya vemos como las gasta Pérez Reverte. Así que no me extrañó leer
un artículo suyo en su columna
“Patente de corso” en
el Semanal.
Decía: “Hace unos días, durante uno de los breves contactos que mantengo con lectores y amigos a través de la red social
Twitter, me encontré dando a uno de ellos, que preguntaba qué leer con veintisiete años y en paro, una respuesta inquietante para mí mismo:
«Un libro para aprender idiomas y largarse, o uno donde aprender a fabricar cócteles molotov». Aunque luego puntualiza: “Lo de la coctelería, era broma, hasta cierto punto”.

Para ilustrar este artículo, ya que no fotografié en la calle los disturbios del pasado 29, he recurrido a mis fotos de la lucha universitaria en los últimos años del franquismo en Barcelona. Aquí si que había razones para lanzar los cócteles.
Los que si estuvieron el 29 de septiembre de 2010, y en primera línea de fuego, fueron
Cesc Giralt “Patxiwan”,
Alberto Tallón,
Sergi Bernal o
Ferran Mayol.

Para finalizar os dejo con el epílogo del
artículo de
Pérez Reverte. No tiene desperdicio:
“ Sigue habiendo, pese a todo, gente que lucha y se arriesga, empresarios dignos, funcionarios decentes, jóvenes solidarios y valerosos capaces de levantarse y trabajar cada mañana. De pelear, si hace falta. Amigos en quienes esperar y confiar. Por eso duele más. Por eso ulcera el alma verlos maltratados por estas diecisiete Españas injustificadas, egoístas y ladronas, donde las ratas y los chacales depredan a su aire, envidiándose y odiándose a partes iguales, desmontando cuanto hace posible el respeto y la convivencia. Esa gentuza iletrada, infame, que ha hecho de la política su forma de vida y de nosotros su negocio, desvalija el país y se lleva por delante las instituciones en su ávida carrera por el dinero y el poder. Destroza el futuro. La impunidad de esos golfos la garantizan millones de ciudadanos apáticos sentados ante el televisor, viendo el fútbol y a
Belén Esteban mientras aceptamos, aborregados, que nos conviertan en un país miserable, cutre, exclusivo para turistas baratos de cerveza y vomitona. Un lugar sin industria ni recursos propios, sin clase media, hecho de buscavidas y mendigos, de subvenciones mientras las haya, de putas y camareros. Dicho sea con todo el respeto para las putas y los camareros. Que, a este paso, serán quienes nos den de comer”.