sábado, 20 de agosto de 2011

Escenarios de pinturas de batallas. Montejurra y Luchana.


 BATALLA DE MONTEJURRA. GRABADO de PLA y JOSEP LLUIS PELLICER


De Soria a Navarra, a la población de Estella. “Esta es la parte de la montaña que conocemos como “Cola de Burro” vista desde Dicastillo” me explica la responsable de la oficina de turismo viendo el grabado de la batalla de Montejurra.

Sigo una empinada pendiente, más arriba de la fortaleza que da nombre a Dicastillo, buscando una vista despejada de la montaña. El día es seco y soleado y un milano negro pasa planeando, muy cerca. La silueta de la montaña es la misma que en el grabado. He comprobado, hasta ahora, que todas las pinturas cuyo rastro he seguido desde el sur de la península hasta aquí corresponden al encuadre de una cámara con un objetivo de 50 mm, o como mucho de 35 mm, es decir: la visión humana. Me extraña encontrar en el dibujo una fortaleza ardiendo en la parte derecha, porque en la realidad no existe. Un lugareño, que pasea con su perro, soluciona mis dudas.”El castillo que ves aquí es el de Dicastillo que fue quemado durante la guerra”. El problema es que la fortaleza queda mucho más abajo y a mi espalda. Los artistas son Pla y Josep Lluis Pellicer según me informa Charo Ramos, del servicio de dibujos y grabados de la Biblioteca Nacional. Y en aquella época, la obra es de 1877, ya se empezaban a utilizar fotografías como referencia. Aunque los responsables se avanzaron al uso actual de programas de tratamiento de imágenes para cambiar graciosamente el castillo de emplazamiento.

El grabado reproduce, en primer término, al general liberal Moriones con su escolta. Derrotado, tuvo que retroceder ante el empuje de las fuerzas carlistas tras la batalla de Montejurra, el 9 de noviembre de 1873. El combate fue tan cruento, que la historia cuenta que las acequias bajaban rojas por la sangre derramada.


 LA BATALLA DE LUCHANA





Siguiendo la pista de las guerras carlistas llego al fin de mi recorrido, en el norte de la península ibérica, Bilbao. Era la nochebuena de 1873 y la capital guipuzcoana estaba sitiada por los carlistas. En medio de un huracán de agua y nieve una treintena de lanchas repletas de soldados liberales desembarcó en la margen derecha de la Ría, al otro lado del puente de Luchana. El general liberal Espartero, enfermo, impartía órdenes desde su lecho. Y el día de Navidad, cuando la batalla en los altos de San Pablo y de Cabras era encarnizada, un corneta liberal dio por error el toque de carga. Las extenuadas tropas atacantes, al filo de la retirada, cargaron al unísono sorprendiendo a los carlistas. El general Espartero viendo la oportunidad se levantó de su lecho y ,a caballo, dirigió el ataque. Los carlistas retrocedieron en desbandada y el ejército liberal rompió el sitio de capital vizcaína que quedó liberada.

Como en la noche de la batalla, una súbita tempestad descarga agua y granizo sobre la ría de Bilbao, a la altura de Luchana. A duras penas me puedo guarecer en los soportales de una fábrica abandonada. Al cabo de media hora la tormenta amaina y saltando una valla puedo llegar al final de mi recorrido, a la orilla de la Ría, justo enfrente de las colinas en donde se libró la batalla: el alto de Banderas, el monte de San Pablo y el monte Cabras. Los esqueletos de fábricas y naves industriales fantasmagóricas, que flanquean los márgenes de la Ría, son el colofón a este paseo, a lo largo de la piel de toro, entre batallas perdidas en el túnel del tiempo.

5 comentarios:

  1. Felicitats per toes aquestes entrades dels escenaris histórics. Es mot interesant.

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  2. Uf... Paco, sigo diciendo que es una aventura y un trabajo apasionante. Metáfora de metáfora o reproducción de la historia con una cámara. Dime ¿cuál es la "visión humana"? ¿ese objetivo de 35 mm.? Me parece metafórica también la expresión, entre tu objetivo mecánico y las locas batallas donde también queda patente la necesidad del hombre por la "Ría de sangre" o acequias de sangre... Parece claro y evidente que el hombre necesita la sangre para sentirse vivo. Y es gracioso que como el Cid, un hombre herido se levante del lecho para dar órdenes...
    Mi padre era de Navarra, así que tengo una fuerte memoria genética además de las batallas que él intentó explicarme y nunca quise escuchar, por rebeldía, por ser mujer o porque quizá ya lo sé, justamente, por esa memoria genética que heredé. Y la población de Estella es una de las más importantes del "popular" Camino de Santiago, que en realidad es falso, es como lo bautizó el cristianismo, pero en realidad pertenece a la "Ruta de las Estrellas", de ahí su topónimo. Como de tantos lugares. Son largas historias que merecen muchos libros para escribir leer y entender.

    Creo que estás tocando uno de los temas claves para entender más el origen de nuestra civilización actual, por otra parte, en absoluta decadencia... Apasionante.
    Mil gracias!

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  3. Jo vaig haver de fotografiar en certa ocasió el castell de Montesa intentant trobar el punt de vista d'un gravat del segle XVIII. El punt de vista només era possible des d'un helicòpter (que, és evident, no hi havia aleshores), i fins i tot des d'allà part de la perspectiva no hi corresponia ja que els dibuixants feien una imatge més o menys idealitzada i després els gravadors aportaven una certa interpretació del dibuix. Ja me'n faig càrrec del que deus d'haver patit per trobar el punt exacte des d'on prendre la imatge.

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  4. Gràcies David, la teva opinió com editor es molt valuosa. El nou equip que es va fer càrrec de la publicació per la que ho vaig fer i cobrar no devien pensar el mateix.

    Si Francesc, en algunes preses vaig patir molt, però era part del repte.

    Gracias Nati.

    Gracias Eva. Y sí, ese objetivo de 35 mm correspondería más o menos a la visión humana. Y sobre lo de la sangre siempre se ha utilizado para describir batallas desde la antiguedad, sino recuerda el párrafo de La Iliada que dice: “...así corría Aquiles invencible, dando muerte a cuantos perseguía, empapando de sangre la tierra en que ponía sus pies. Hasta el eje del carro y el barandal, las ruedas y las patas de los bridones se hallaban cubiertos de sangre, lo mismo que las manos del Pélida, ansioso de alcanzar cada instante más gloria.”

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